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Desde el principio y dentro del esquema de lo que era crear o promocionar una gran estrella, esta estaba asociada a los grandes salones, el lujo y el champán. Podemos imaginar perfectamente a Rodolfo Valentino o a Greta Garbo con una copa de champan y el humo de un cigarro alrededor de los ojos.
También dentro de las películas una copa de champán (entonces más anchas y planas) nos situaba inmediatamente en un mundo de éxito, escaleras blancas de mármol, jardines con cisnes y drama o comedia de altos vuelos. El champán era una forma de relacionarse distinta de la cerveza (vulgar) o el whisky (fracaso) e incluso en el caso de ser excesivo marcaba además la diferencia entre el alcoholismo de pobres y de ricos.
Los actores nos venden sueños y crean prototipos. El cine nos enseña conductas sociales casi más que un padre, un colegio o 100 programas educativos ministeriales. De esa forma aprendemos (entre otras peores) como hacer una buena fiesta, ligar con una chica, celebrar un logro. Cine, glamur, éxito, alegría… todos queremos.
Esta posibilidad es la que ha querido aprovechar con astucia la marca francesa Moët & Chandon, y que bajo la premisa de convertirse en “el champán más querido por el mundo del cine”, ha sido el oficial en los Globos de Oro durante casi dos décadas, el exclusivo de la última edición de los Oscar, y ¡el champagne oficial del Festival de Cine de San Sebastián! (que tome nota el cava).
Con una hábil política de promoción generaciones de actores, productores y directores legendarios han celebrado sus momentos más especiales con Moët.
Desde Marzo la marca cuenta con la musa rubia de moda para celebrar su ‘Homenaje al Cine’, Scarlett Johansson y una campaña publicitaria internacional impresa, en exteriores y en línea, realizada por los fotógrafos Mert Alas y Marcus Piggott, presentando a Moët y a Scarlett como iconos de celebración. Esta se presentó en Londres y desde entonces recorre festivales avalando la marca.
Este mes de Octubre le ha tocado Tokio dentro del Festival Internacional de Cine y en la ciudad que la catapultó a la fama tras su participación en “Lost in Translation” (rodada allí).
Siguiendo la tradición de la alfombra roja de Moët, Scarlett autografió un Moët Mathusalem (6 litros) dorado, que se subastará de manera solidaria para apoyar a una organización benéfica de su elección. Cuando Scarlett se dirigió a los asistentes, un espectacular despliegue de luces iluminó el fondo de la silueta urbana de Tokio con tonos dorados.
Nos da un poco de envidia, ahora que sabemos que nuestro entrañable Freixenet repite su anuncio de burbujas autóctonas (sin dudas esplendidas) para no incrementar los costes de la crisis. Moët, ante la misma crisis y en lo que podemos ver dos espíritus en liza, el francés y el catalán, ha debido pensar que al mal tiempo mejor cara y en lo que parece una política lógica para un champán y lo que representa, hace más agresiva su campaña y no mira gastos confiando en el futuro de lo sembrado. ¿Quién tendrá razón?
Mientras esperamos a que Scarlett nos alegre otra vez, con su foto abrazada a una botella descomunal, en alguna otra parte del mundo y encima de otra alfombra roja, les recomendamos una visita al cine clásico, con una propuesta del mismísimo Alfred Hitchcock en sus primeros tiempos (1928), “Champagne”, donde la pobre Betty enamorada de un “no rico” es castigada por su millonario padre haciéndola creer que están arruinados y que necesita trabajar. La chica se marcha a Paris ¡la peligrosa ciudad del mal! donde encuentra trabajo en un cabaret invitando a los clientes al champán que hizo rico a su padre (¿relaciones públicas?). El padre, que la mantiene vigilada, descubre que las cosas se le han ido de las manos…
Una historia para tiempos de crisis hijas perezosas y padres sin manual. ¡Champan y límites que se pierden! Una promesa y una amenaza. Vayan pensándolo para ver cuánto incluyen en su próxima Navidad. Fuente: Cine y juegos.com |