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El enólogo francés Michel Rolland festejó el décimo aniversario de su laboratorio en Mendoza y planea una maratónica degustación. Reivindica a las bodegas chicas y les atribuye la buena imagen del vino argentino en el mundo.
Rolland estuvo en Mendoza celebrando los diez años de su laboratorio Enorolland y para ello reunió a un reducido grupo de bodegueros, enófilos y enólogos en un hotel céntrico.
“Yo tengo la capacidad de hacerlo; me encanta catar”, dijo el famoso enólogo galo al anunciar que tiene previsto hacer una nueva degustación maratónica el año próximo. “Así como alguien tiene capacidad para recorrer 40 kilómetros en un tiempo reducido, yo puedo catar 300 muestras en un día”, manifestó.
Rolland es recordado porque hace tres años cató 360 muestras de vinos de alta gama provenientes de distintas bodegas del país, en el Park Hyatt. “Ya hemos hecho tres ediciones de ese tipo y quiero realizar la cuarta el año que viene”, dijo en su visita.
Rolland, que es considerado –a veces bajo una mirada cuestionadora– uno de los principales influyentes del “vino globalizado”, nació en Libourne, Francia, el 24 de diciembre de 1947. Su oficina principal tiene sede en Burdeos y posee clientes en varios países. “Pero yo me siento francés y argentino, por eso vengo seguido por aquí y sigo con el emprendimiento del Clos de los Siete”, indicó.
Este último proyecto comprende emprendimientos vitivinícolas en el Valle de Uco, en el cual participan reputados bodegueros y acaudalados empresarios europeos.
Según Rolland, “dentro de la crisis internacional que vive la vitivinicultura mundial Argentina se encuentra en una posición más favorable que muchos otros países”. En esa línea sostuvo que “hay muy buena imagen del vino argentino en el mundo y no es una época fácil”.
En cuanto a Enorolland, dijo que tiene 10 laboratorios –en Argentina están en Mendoza y en Cafayate, en Salta– y asesora y trabaja para distintas bodegas.
“Las grandes bodegas tienen sus laboratorios muy bien montados pero hay proyectos vitivinícolas chicos que tienen muchas veces todos los elementos necesarios para desarrollar e investigar sobre sus vinos, y les ofrecemos nuestro laboratorio”, explicó.
Rolland desestimó que los emprendimientos pequeños tengan más dificultades para prosperar. Al respecto evaluó que “las grandes bodegas también tienen grandes costos fijos. Un proyecto chico no te hace gastar tanto; no tenés que invertir en grandes fortunas”. Y agregó que “mucho de la buena imagen de los vinos argentinos en el mundo tiene que ver con los proyectos chicos. Hay público en varios países que está detrás de estos vinos precisamente”.
Fuente: Diario Uno – Luis Gregorio |