Los años 80 fueron difíciles para el vino argentino. Había caído estrepitosamente su venta -se consumían más blancos que tintos-, una vida acelerada comenzaba a reducir nuestro relajado hasta entonces tiempo de almuerzo -comenzó a utilizarse en el trabajo horario corrido de 9 a 18hs-, sumado a la moda que se inició por aquel entonces, impulsando el cuidado de la silueta, el consumo de bebidas bajas calorías o menos alcohólicas como las cervezas. A su vez, había una oferta de vinos de mala calidad, pesados, oxidados y con un alto porcentaje de azúcar residual como los típicos moscatos de pizzería. |